lunes, 7 de noviembre de 2016

Sumisión, de M. Houllebecq, por Samuel Jara

SUMISIÓN   

En la mayoría de sus obras Houellebecq siempre ha mirado hacia el futuro para modificarlo a su gusto. Así, en la novela Las partículas elementales comienza hablando de la sociedad liberal y desestructurada que hemos creado en las últimas décadas, para acabar en un futuro de ciencia ficción en donde la única solución posible a nuestro mal es la eliminación de la humanidad.     

Tras su lectura, el último libro es mucho menos brillante que los anteriores; puede que en Sumisión la ficción se haya visto demasiado influenciada por la realidad que nos rodea, pareciendo que Houellebecq está intentado jugar a ser adivino o profeta, con lo que consigue que no entremos de lleno en la ficción, y que no nos terminemos de creer la trama. Al contrario que con el resto de sus novelas, se hace difícil ver la obra como un experimento en donde el autor estira los límites de nuestra sociedad, pareciendo más bien una profecía cutre y equivocada sobre lo que podría pasar en Francia. Después de pasar por esta primera impresión, nos damos cuenta de que las críticas no están dirigidas tanto hacia el islamismo como podíamos pensar, sino que se centran en los puntos débiles de la vida occidental.   

   
Se podría afirmar que la sociedad moderna ha sufrido un gran deterioro en las relaciones amorosas. Por un lado, en los tiempos actuales el sexo se ha convertido en parte fundamental de nuestras vidas, llegando a situaciones enfermizas, de tal modo que sin éste nos sentimos fracasados e incompletos. Por otro lado se nos presenta la ausencia de compromiso, y nos es más dificultoso crear relaciones estables porque la búsqueda de una pareja no está entre nuestras prioridades, ya que por encima de esto se encuentra el éxito profesional y económico así como los logros individuales. En la actualidad resulta mucho más difícil que una persona renuncie a su carrera profesional por amor, algo que a la larga pueda suponer un problema, y este es el caso del protagonista de Sumisión: profesor de universidad que prefiere establecer relaciones transitorias con las alumnas de su facultad antes que buscar una pareja estable, y cuando se decide a buscar otro tipo de compromiso ya es demasiado tarde. Al final la solución aparece en el islam y su moral patriarcal que dictamina que el papel de la mujer es buscar un buen marido porque la familia está por encima de otras metas personales.      

Prosiguiendo con esta idea patriarcal, en la novela el nuevo gobierno pasa a ser gestionado por un partido islamista que tiene bastante clara la solución contra el paro que asola Francia: retirando a las mujeres del mundo laboral se reduce drásticamente la población activa, y poco a poco los elementos se van articulando de tal manera que la islamización de Francia parece funcionar a la perfección, económica y socialmente.      

Los interrogantes que nos plantea el libro son siempre interesantes: ¿De qué nos sirve librarnos de la religión si no somos felices? ¿Para qué la libertad sexual si conlleva frustración? ¿Merece la pena el camino que está tomando la humanidad? Desde el punto de vista de sus personajes parece que sería todo mucho más sencillo volviendo al sistema anterior en donde la plenitud se alcanzaba con el matrimonio y la descendencia.      

Michel Houllebecq asusta porque muestra los pensamientos más oscuros, incómodos y sinceros de la humanidad, y eso produce estupor a un público que no quiere reconocer que también ha pensado así.      

La crisis de valores actual parece evidente, y Sumisión nos muestra una solución. Seguramente no es la idónea, pero es una solución.  

SAMUEL JARA MIÑANO

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